Desde el inicio del mundial, el Ángel de la Independencia ha cambiado de color casi a diario. Primero fueron las banderas nacionales de miles de aficionados mexicanos que se congregaron al pie del monumento, para celebrar el triunfo del tri en su partido inaugural.
El partido de este miércoles ante Uzbekistán, en el Estadio Ciudad de México, es la razón detrás de una cifra que la Secretaría de Turismo capitalina confirmó este martes: más de veintisiete mil colombianos ya estaban instalados en la ciudad. El colectivo Fuerza Cafetera de Fútbol convocó, además, a un Banderazo Colombia formal en el mismo monumento, programado para las seis de la tarde, como punto de encuentro organizado de algo que, en realidad, ya venía ocurriendo de manera espontánea desde el fin de semana.
Lo notable de estos días no fue solo el tamaño de la multitud, sino el tono del encuentro. Hubo quien compartió comida con un desconocido, quien terminó cantando canciones que no conocía y quien simplemente se dejó abrazar por aficionados de otro país sin que mediara una sola palabra. Varios visitantes colombianos describieron ese recibimiento como algo casi familiar, facilitado por algo tan simple como compartir el idioma con quienes los recibían.
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La comunidad colombiana no es la única que ha encontrado en la Ciudad de México un lugar para celebrar lejos de casa. En el Fan Fest del Zócalo, instalado desde el 11 de junio y abierto hasta el 19 de julio, aficionados de selecciones como Canadá, Corea, Japón, Brasil, Marruecos, España y Cabo Verde se han mezclado frente a las pantallas gigantes, muchas veces viendo partidos que no involucraban a su propio país. Ahí, donde compite tanto el resultado como el ambiente, conviven banderas que normalmente no se cruzan en ningún otro contexto.
Entre el Zócalo y el Ángel de la Independencia, la ciudad ha asumido durante estas semanas un papel que rara vez ejerce con esta intensidad: el de puerto donde atracan, por unos días, identidades que llegan de todas partes del mundo. El monumento que desde 1970 ha sido el escenario tradicional de los festejos futbolísticos mexicanos recibe ahora también los colores de otras selecciones y en sus calles, entre el Centro Histórico y Paseo de la Reforma, se escuchan al mismo tiempo el español de Colombia, el portugués de Brasil y el árabe de Marruecos. Ninguna bandera desplaza a otra: simplemente se suman.
