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Los Indios Verdes: la historia detrás del monumento que da nombre al norte de la CDMX

Miles de personas cruzan a diario por Indios Verdes sin saber a quién representan las estatuas, ni la travesía urbana que tuvieron que recorrer antes de llegar ahí.

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En el cruce donde Avenida Insurgentes desemboca en la Calzada de Guadalupe, dos gigantes de bronce llevan más de un siglo dando nombre a uno de los puntos de conexión más transitados de la capital. Miles de personas cruzan a diario por Indios Verdes sin saber a quién representan las estatuas, ni la travesía urbana que tuvieron que recorrer antes de llegar ahí.

Las esculturas representan a Izcóatl y Ahuízotl, dos huey tlatoanis del imperio mexica. Izcóatl, cuarto gobernante de Tenochtitlan, es considerado el fundador del imperio: bajo su mandato, los mexicas rompieron el dominio tepaneca de Azcapotzalco, sellando la Triple Alianza con Tacuba y Texcoco. Ahuízotl, octavo tlatoani, llevó al imperio a su mayor expansión territorial hacia el centro y sur del actual México, consolidando el Templo Mayor como centro ceremonial.

Las estatuas fueron obra del escultor Alejandro Casarín, concebidas originalmente para representar a México en la Exposición Universal de París de 1889, la misma muestra que dio a conocer la Torre Eiffel. Casarín había sido deportado a Francia durante la intervención francesa, donde tuvo contacto con pintores como Daumier, Corot o Millet, experiencia que lo llevó a buscar rasgos y anatomía indígena en las figuras. El envío a París nunca se concretó: el peso y la altura de cada pieza hicieron inviable el traslado.

Guardadas casi dos años, las esculturas se develaron en septiembre de 1891, colocadas sobre pedestales de mármol negro a la entrada de Paseo de la Reforma, cerca de El Caballito, la estatua ecuestre de Manuel Tolsá. Ese vecindario resultó incómodo para el gusto oficial de la época. La prensa porfiriana, alineada con una estética afrancesada, cuestionó que dos figuras indígenas de bronce compartieran espacio con una pieza de corte neoclásico europeo, en un contexto donde lo indígena se consideraba ajeno al buen gusto oficial.

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Ese rechazo marcó el destino del monumento durante buena parte del siglo XX. En 1902, las estatuas salieron de Reforma hacia La Viga. Con esa zona ya en declive, se reubicaron después sobre Insurgentes Norte, en una glorieta que terminó por adoptar su nombre. En ese periodo de exposición prolongada a la intemperie, el bronce adquirió la pátina verdosa que originó el apodo Indios Verdes.

La ubicación actual llegó en 1979, cuando la construcción de la estación terminal de la Línea 3 del Metro obligó a un último reacomodo. Las esculturas se instalaron en el Parque del Mestizaje, en la alcaldía Gustavo A. Madero, junto a la Villa de Guadalupe, donde permanecen hasta hoy.

Más de 130 años después de haber sido concebidas para representar a México ante el mundo, Izcóatl y Ahuízotl siguen donde la ciudad terminó por dejarlos: marcando la entrada norte de una capital que sigue discutiendo, hasta la fecha, qué lugar merece el monumento.

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