Para encontrar el primer hilo de esta historia hay que volver al 2 de junio de 1986, a una tarde en el Estadio Olímpico Universitario. Aquella jornada, Corea del Sur volvía a una Copa del Mundo tras una larguísima ausencia de 32 años y le tocaba estrenarse nada menos que contra la Argentina de Diego Maradona. El marcador terminó 3 a 1 a favor de los sudamericanos, pero a los asiáticos les quedó un consuelo enorme: el disparo lejano de Park Chang-sun fue la primera vez que su país celebraba en un Mundial y esa primera celebración ocurrió en suelo chilango.
Durante las décadas siguientes, mexicanos y coreanos se vieron las caras una y otra vez, cerca de una veintena de ocasiones, con un saldo global bastante parejo. En los mundiales, eso sí, el Tricolor siempre halló la manera de imponerse: 3 a 1 en Francia 1998 y 2 a 1 en Rusia 2018. Eran, hasta entonces, dos selecciones rivales y nada más, sin sospechar que pronto compartirían uno de los abrazos más insólitos del futbol reciente.
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Ese giro llegó en el verano ruso de 2018. México ya había derrotado a Corea en la fase de grupos, así que pocos esperaban algo de los asiáticos, eliminados y sin nada en juego. Pero en su último partido, Corea del Sur tumbó 2 a 0 a Alemania, la campeona defensora y con esa hazaña empujó al Tricolor a los octavos de final. El equipo al que México acababa de ganarle terminó, contra todo pronóstico, salvándole el Mundial.
La gratitud estalló en las calles. De la nada brotó un cántico que daría la vuelta al mundo, «Coreano, hermano, ya eres mexicano» y miles de capitalinos se volcaron sobre la embajada de Corea del Sur. Ahí, un diplomático salió a dar la cara y la multitud lo levantó en hombros, le encajó la playera tricolor y lo hizo brindar con tequila. Por una noche, dos países separados por medio planeta festejaron como si fueran uno solo.
Cuarenta años después de aquel gol en CU, la historia vuelve a girar. Este 18 de junio de 2026, México y Corea del Sur se reencuentran como rivales en la Jornada 2 del Grupo A, esta vez en el Estadio Guadalajara. Sobre la cancha pelearán los tres puntos como cualquier otro adversario; fuera de ella seguirán siendo esa rara fraternidad que ningún tratado firmó y que sin embargo, el balón se encargó de escribir.


