Se llama Merlín, tiene playera de la Selección Mexicana y un par de calcetines hechos a su medida y la noche del 11 de junio se convirtió, sin que nadie lo planeara, en el rostro más compartido de los festejos por el triunfo de México sobre Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial 2026. Las imágenes de un pato caminando entre la euforia de Paseo de la Reforma se multiplicaron antes de que la mayoría de quienes las veían supiera de quién se trataba.
Merlín tiene dos años y vive con Karla y su hijo Cristian en la Ciudad de México. Antes de él, la familia tuvo otra pata, Waffle, que murió tiempo atrás. Fue una clienta del negocio familiar quien les regaló al pequeño Merlín, pensando sobre todo en levantarle el ánimo al niño tras esa pérdida. Desde entonces, el ave no se separa de ellos.
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Tampoco el nombre fue al azar. Karla le contó a ESPN que pensaron en el mago de las leyendas porque «nuestro pato se nos hace algo mágico». La ocurrencia terminó por cumplirse de una forma que la familia jamás imaginó.
El oficio de Merlín, si puede llamarse así, es trabajar. Acompaña a Karla y a Cristian cuando salen a vender agua embotellada por el primer cuadro de la capital y en su recorrido pasa con frecuencia por la Alameda Central, la fachada del Palacio de Bellas Artes y la explanada del Zócalo. Para los transeúntes de esas zonas, antes del Mundial Merlín ya era una presencia conocida, mucho antes de aparecer en videos virales.
La viralización fue casi instantánea. En cuestión de horas, los videos del pato caminando entre la fiesta tricolor circulaban por TikTok, Instagram y Facebook, con comentarios que iban del cariño al asombro: hubo quien pidió verlo en el estadio y quien lo llamó tesoro nacional. Las imágenes saltaron también fuera del país, replicadas por cuentas y medios extranjeros, bajo una frase que resumía el desconcierto y la gracia del momento: «México superando la inteligencia artificial».
El alcance del fenómeno llegó hasta la organización del propio torneo: voceros de la FIFA contactaron a la familia y se concretó un encuentro. Más allá de la anécdota, lo que cuenta la historia de Merlín es algo propio de esta ciudad: la manera en que la venta ambulante, las mascotas urbanas y la fiesta colectiva conviven sin fricción en sus calles. El Mundial trajo estrellas internacionales, estadios renovados y ceremonias de producción millonaria, pero el personaje que más conectó con la gente en los primeros días del torneo fue un pato que, entre semana, se gana el día vendiendo agua en el Centro Histórico.
