Centro Histórico

La Casa de las Gallas: la primera casa de citas de la Nueva España

 En la calle de Mesones número 167, una placa recuerda el sitio donde se instaló, en el siglo XVI, la primera casa de tolerancia de la Nueva España y, según los registros disponibles, del continente: la Casa de las Gallas.

ARCHIVO · CALLES CHILANGASCENTRO HISTÓRICO
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En la calle de Mesones, en el número 167 del Centro Histórico de la Ciudad de México, una placa colocada sobre una fachada de color rojo recuerda un dato poco difundido: ahí, en el siglo XVI, se establecieron las primeras casas de tolerancia de la ciudad. La placa se refiere al sitio donde funcionó la Casa de las Gallas, considerada por cronistas e investigadores la primera casa de citas de la Nueva España y, de acuerdo con los mismos registros, del continente.

El nombre de «las Gallas» llegó a designar a la calle entera antes de que se le conociera como Mesones. Según los registros históricos, la zona surgió como respuesta a una necesidad concreta de la ciudad colonial recién fundada: tras destinar sitios para la cárcel, la horca y la carnicería, las autoridades identificaron que hacía falta también un espacio donde soldados, solitarios y aventureros pudieran «desfogarse». Mesones, que ya concentraba un flujo constante de arrieros, comerciantes y forasteros recién llegados a la ciudad, se convirtió en el lugar elegido.

La fecha más citada para el origen del sitio es 1542, cuando se concedieron cuatro solares al final de la calle de Mesones para la construcción de cuatro casas públicas. No fue, sin embargo, el primer intento de regular esta actividad en la ciudad: cuatro años antes, en 1538, ya existía un establecimiento similar, de ubicación hoy desconocida, que operaba con una cédula real. La tradición marcaba además un símbolo para identificar estos sitios: en la entrada de las mancebías debía colocarse una rama de árbol.

La popularidad de la Casa de las Gallas y de las hospederías vecinas alcanzó incluso a la jerarquía eclesiástica. El obispo fray Juan de Zumárraga denunció ante el rey a dos sacerdotes, de apellidos Rebollo y Torres, que acostumbraban visitar de noche más de un prostíbulo de la zona bajo el pretexto de buscar ídolos prehispánicos para destruirlos.

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Un decreto de 1670 permite reconstruir parte de la vida cotidiana del sitio: el documento enumera a algunas de las «gallas» más conocidas de la época por sus apodos, entre ellos la Chinche, la Sedacito, la Vende Barato, las Priscas y la Manteca. 

La actividad de la zona se prolongó durante siglos. En 1809, una redada policial en uno de los prostíbulos de la calle derivó en declaraciones que se conservan como anécdota: una mujer detenida aseguró que solo había acudido al lugar a cobrar una colcha, mientras que un administrador sorprendido en la escena dijo haber ido únicamente a pedir prestadas algunas prendas.

Hoy, en el número 167 de Mesones, el inmueble conserva el color rojo asociado a la época y la placa que recuerda su historia  donde el Centro Histórico guarda, a la vista de quien se detenga a leerla, una de sus historias menos contadas.

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