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Elsa Aguirre: hasta siempre, la chihuahuense que le prestó su rostro a la pantalla de oro

Este 15 de julio de 2026 murió en Cuernavaca Elsa Irma Aguirre Juárez, a los 95 años. Llegó al cine a los 14, sin buscarlo, y se quedó en él para siempre: casi cincuenta películas, un Ariel de Oro y un lugar imborrable en la memoria del cine mexicano.

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Este miércoles 15 de julio de 2026, la Asociación Nacional de Intérpretes comunicó lo que el cine mexicano ya presentía desde hace tiempo que llegaría a decir: Elsa Aguirre había muerto. Tenía 95 años y vivía en Cuernavaca, Morelos, la ciudad que eligió para sus años más tranquilos. Con su partida se cierra uno de los últimos capítulos vivos de la Época de Oro del cine mexicano, esa temporada irrepetible en que México fue el corazón cinematográfico del mundo de habla hispana.

Para entender a Elsa Aguirre hay que volver a Chihuahua, 1944. Ella tiene catorce años y estudia la secundaria cuando la productora CLASA Films Mundiales organiza un concurso de belleza. Lo gana sin haberlo planeado como destino. El premio no es un trofeo sino un boleto: la llevan a la Ciudad de México, donde la industria cinematográfica más prolífica del continente en ese momento está en pleno funcionamiento. Así empieza todo: con una muchacha del norte que bajó al altiplano porque ganó un concurso, y que resultó ser mucho más que un rostro bonito.

Sus primeros pasos frente a la cámara los dio junto a su hermana Alma Rosa en «El sexo fuerte», una comedia de ciencia ficción dirigida por Emilio Gómez Muriel. La chispa de su carrera, sin embargo, la encendió el director Julio Bracho cuando en 1946 la convocó para encabezar «Don Simón de Lira» junto a Joaquín Pardavé. Ese papel le enseñó al gremio lo que ella ya sabía de sí misma: que podía cargar una película entera sobre sus hombros.

Un año después llegó un regalo que pocas actrices reciben. Para la película «Algo flota sobre el agua» (1947), dirigida por Alfredo B. Crevenna, los compositores Zacarías Gómez Urquiza y Manuel Esperón escribieron especialmente para ella la canción «Flor de azalea», que se convirtió en el tema central de la cinta. Que dos de los compositores más respetados de la época destinaran una pieza a su medida era una declaración sobre el tipo de presencia que Aguirre generaba: la que inspira canciones.

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Lo que vino después fue una década de trabajo sin pausa. «Ojos de juventud» (1948), «Lluvia roja» y «La mujer que yo amé» (1950), «Cuatro noches contigo» (1952), «Cuidado con el amor» (1954), «Vainilla, bronce y morir» (1957). En ese recorrido se cruzó con Jorge Negrete, Pedro Infante, Dolores del Río y Silvia Pinal: el elenco completo de la leyenda. La prensa de la época la comparaba con María Félix por su belleza, aunque Aguirre recibía esa comparación con gracia y sin competencia, porque las dos eran distintas y las dos eran necesarias.

Más tarde la pantalla grande la volvió a convocar con «Sólo de noche vienes» (1965), «Casa de mujeres» (1966), «El día de la boda» (1968) y «El cuerpazo del delito» (1970). Hacia el final de su carrera activa su filmografía rondaba las cincuenta películas: un número que, sumado en horas de pantalla, equivale a una vida entera de trabajo frente a la cámara.

Fuera del set, Elsa Aguirre encontró en el yoga una práctica que sostuvo durante más de cincuenta años, parte central de una forma de habitar el tiempo que ella misma describía como su manera de mantenerse enraizada. Pasó sus últimas décadas en Cuernavaca, dando entrevistas, recordando anécdotas con precisión y hablando del cine de su época con el mismo cariño con que una abuela habla de los mejores años de su vida.

Los premios llegaron con la cadencia que tienen las cosas bien ganadas. En 2003, a sus 73 años, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le entregó el Ariel de Oro, el reconocimiento más alto del cine nacional. Lo siguieron el Premio Tributo a una Gran Actriz en 2005 y una Luna del Auditorio en 2009. Cada uno llegó tarde pero oportuno, como suelen llegar los homenajes a quienes los merecen de verdad.

Elsa Aguirre se va hoy a los 95 años con el trabajo hecho y bien hecho. Su hermana Alma Rosa, con quien compartió los primeros pasos en la pantalla, se fue antes que ella, en enero de 2025. Ahora las dos chihuahuenses que bajaron juntas al altiplano a hacer cine están, de alguna manera, juntas de nuevo. Lo que dejan aquí son las películas, las canciones, el recuerdo de una época en que el cine mexicano iluminaba salas en todo el mundo hispanohablante, y el rostro de Elsa Aguirre, fijo en celuloide, mirando a la cámara con esa mezcla de gracia y determinación que ningún tiempo puede borrar.

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