Hermione Granger siempre supo encontrar el lugar correcto en el momento correcto y esa habilidad parece haberse quedado en quien la interpretó durante años porque Emma Watson llegó a la Ciudad de México en marzo de 2026 sin mapa ni publicidad y dio exactamente con el rincón que cualquier viajera curiosa, lectora, enamorada de las ciudades con carácter, hubiera querido encontrar.
La actriz británica aterrizó en la Condesa con la discreción de quien viaja para vivir la ciudad de verdad, no para ser vista en ella, su trayectoria fuera de las pantallas habla de alguien con genuino amor por la cultura, la literatura, las causas que importan, así que no sorprende que haya elegido uno de los barrios más ricos en ese sentido, con sus librerías escondidas, sus galerías sin pretensiones y foros donde la música ocurre como si fuera un secreto entre amigos. La acompañó Gonzalo Hevia Baillères el empresario mexicano con quien mantiene una relación desde hace algunos meses y juntos recorrieron esas calles que huelen a jacaranda recién caída con la misma curiosidad de quienes no tiene prisa.

Fue en ese espíritu que la pareja llegó a Mendl Delicatessen sobre la calle Citlaltépetl y ahí la historia se vuelve más bonita todavía porque Mendl no es cualquier delicatessen, es el nombre de la pastelería ficticia que Wes Anderson inmortalizó en The Grand Budapest Hotel y el local de la Condesa rinde homenaje a ese universo con tanto cariño y fidelidad que sus logos son prácticamente idénticos, hay incluso rumores de que el propio director ha pasado por ahí aunque nadie lo confirme del todo, lo cual le añade al lugar ese aura de misterio que los buenos sitios culturales siempre terminan acumulando.
Lo que sí es completamente real es lo que sale de su cocina, el bagel con lox de queso crema y salmón es de esos platos que uno recuerda mucho después de haberlo comido, el pastrami elaborado en casa con una curación de semanas se ha convertido en el platillo más comentado del menú y los latkes de papa crujientes por fuera y cremosos por dentro llegan con una generosidad que pocas cocinas se permiten, todo eso en un patio lleno de plantas donde la luz de la mañana cae de cierta manera que invita a pedir otra taza de café y seguir la conversación sin mirar el reloj.
Que Watson lo haya encontrado sin intermediarios ni recomendaciones de hotel dice algo bonito tanto de ella como del lugar, algunas personas la reconocieron en la zona y compartieron el momento en redes con la misma calma con la que uno comenta algo que le alegró el día, sin flashes sin alboroto, con un bagel en la mano, la CDMX le devolvió a la bruja más famosa de la literatura lo que las ciudades más ruidosas rara vez ofrecen: la magia tranquila de sentirse en casa.






