En octubre de 1947, mientras Lecumberri todavía operaba como cárcel activa, un equipo de filmación cruzó sus rejas cargando cámaras, reflectores y guiones. No llegaba como visitante ni como reportero: llegaba a rodar una película. El director Ismael Rodríguez había tomado una decisión poco común para la época: en lugar de reconstruir una prisión en un set de estudio, filmaría dentro del propio Palacio de Lecumberri. Así, la cárcel más temida de la Ciudad de México se convirtió en el escenario de “Nosotros los pobres”, una de las películas más vistas en la historia del cine mexicano.
El edificio llevaba entonces casi medio siglo en pie. Se había inaugurado el 29 de septiembre de 1900, durante el gobierno de Porfirio Díaz, sobre un terreno que había pertenecido a un español de apellido Lecumberri. Se distribuía en siete crujías dispuestas como los brazos de una estrella alrededor de una torre central de vigilancia, corazón de un diseño panóptico que permitía observar los pasillos sin que los presos supieran en qué momento estaban siendo vigilados. Con las décadas, esa vigilancia constante y el hacinamiento fueron construyendo la fama que le dio su apodo popular, el Palacio Negro. Ahí purgaron condena figuras como el muralista David Alfaro Siqueiros, quien continuó pintando durante su encierro, y también opositores políticos recluidos bajo la figura de disolución social durante el sexenio de Miguel Alemán.
La Romita: el islote azteca que Buñuel volvió escenario de culto
El mamut de Talismán, el fósil que vive bajo la Línea 4
Fue justamente esa atmósfera, real y sin escenografía, la que Ismael Rodríguez quiso aprovechar. Las escenas de encierro de Pepe el Toro, el carpintero que interpreta Pedro Infante, se filmaron en los patios donde los presos hacían fila, en los pasillos radiales del penal y en una de las bartolinas de castigo, las celdas sin baño ni ventilación reservadas para quienes rompían las reglas internas.
La presencia de Pedro Infante dentro del penal no pasó inadvertida. Según distintos registros de la época, el actor convivió con los internos durante los días de rodaje: les cantó en el patio, firmó autógrafos y compartió tiempo con quienes cumplían condena ahí. Una parte considerable de los reos que aparecen como extras en las escenas carcelarias de la película no eran actores contratados para la ocasión, sino reclusos del propio Lecumberri.
La trama de “Nosotros los pobres” convierte a Pepe el Toro en víctima de una acusación injusta: se le culpa de un asesinato que no cometió y termina preso en Lecumberri. Ahí enfrenta a Ledo, apodado El Tuerto, en una pelea que se filmó dentro de una de las bartolinas. La escena termina con una de las frases más citadas del cine mexicano, gritada por el propio Ledo con el rostro ensangrentado: «¡Pepe el Toro es inocente!». Esa secuencia, rodada en una celda real de castigo, quedó grabada en la memoria colectiva mucho después de que la cárcel misma dejara de existir.
Lecumberri cerró como prisión en 1976, cuando el gobierno decidió trasladar a la población penitenciaria a los nuevos reclusorios construidos para descongestionar un edificio que llevaba años rebasado en su capacidad. Alrededor de ese cierre circulan también leyendas urbanas, como la fuga de dos presos poco antes del cierre, uno por un túnel y otro disfrazado de mujer, aunque no todas las versiones coinciden en los detalles. Lo que sí está documentado es que, para entonces, el penal alojaba hasta diez veces más internos de los que fue diseñado para recibir.
Años después de su cierre, el inmueble fue destinado a albergar el Archivo General de la Nación, que hoy ocupa sus antiguas instalaciones en Eduardo Molina 113, en la alcaldía Venustiano Carranza. En sus pasillos, donde antes resonaban las rondas de los guardias, ahora se resguardan actas, mapas y fotografías que documentan la historia del país. Y en algún lugar entre esos muros sigue viva la escena de una película que convirtió a una cárcel real en uno de los escenarios más recordados del cine mexicano.


