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Centro SCOP: la memoria mural que sobrevivió a dos sismos y aún busca destino

Cuarenta y un años después del sismo de 1985 y nueve del de 2017, los murales del Centro SCOP resistieron dos terremotos ocurridos el mismo día del año. Hoy su nombre sigue vivo en una estación de Metrobús sobre Xola, aunque el edificio ya no existe y su destino final sigue sin resolverse.

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Cada 19 de septiembre, la Ciudad de México repasa dos fechas superpuestas en el calendario: los sismos de 1985 y 2017. Pocos edificios cargan esa doble memoria de forma tan literal como el Centro SCOP, en el cruce de Eje Central y avenida Xola. El conjunto fue golpeado por ambos terremotos el mismo día del año y, aunque su patrimonio artístico logró sobrevivir a los dos, todavía no tiene un lugar definitivo donde exhibirse.

El complejo se construyó entre 1953 y 1954, por instrucción del presidente Adolfo Ruiz Cortines al arquitecto Carlos Lazo Barreiro, entonces titular de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Lazo venía de dirigir las obras de Ciudad Universitaria, donde había promovido la integración plástica, la idea de fundir pintura, escultura y arquitectura en una sola pieza en lugar de tratarlas como elementos separados. Para el SCOP replicó esa fórmula a mayor escala y convocó a un grupo de muralistas entre los que estuvieron Juan O’Gorman, José Chávez Morado, Guillermo Monroy, José Gordillo, Jorge Best Berganzo, Arturo Estrada Hernández, Luis García Robledo y Rosendo Soto. Con piedras naturales de distintos colores y vidrio, cubrieron las fachadas con mosaicos dedicados a la historia de las comunicaciones y el transporte en México, desde el periodo prehispánico hasta mediados del siglo XX.

La primera fractura llegó la madrugada del 19 de septiembre de 1985. Un sismo de magnitud 8.1 derrumbó los tres pisos superiores de uno de los edificios del conjunto, entonces ya bajo el nombre de Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y provocó la muerte de catorce trabajadores de la dependencia. Los mosaicos que coronaban ese edificio se perdieron por completo; los que O’Gorman había realizado en la cabecera norte solo sufrieron daños parciales. La reconstrucción de las estructuras quedó a cargo del arquitecto Ignacio Machorro, mientras que el rescate de los murales se encomendó a Vicente Medel. El resultado fue desigual: algunas piezas recuperaron su forma original y otras quedaron incompletas, con una lectura distinta a la que habían tenido en su diseño original.

Treinta y dos años más tarde, el mismo día del calendario, un segundo sismo, de magnitud 7.1, volvió a golpear al conjunto. Esta vez el daño fue irreversible: una de las torres quedó inclinada y el resto de las estructuras, ya reforzadas una vez desde 1985, mostró fallas graves en su cimentación. Las autoridades desalojaron a cerca de 2,500 empleados y los edificios permanecieron vacíos desde entonces.

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En los años posteriores al desalojo, el futuro de los murales se discutió sin resolverse. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se planteó trasladarlos al entonces Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en Texcoco, un proyecto que se canceló antes de concretarse. El Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM se pronunció en contra de esa idea, al considerar que separar las obras de su arquitectura original alteraría su sentido. La presión de especialistas, académicos y del colectivo vecinal En Defensa del Centro SCOP, junto con el respaldo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, derivó en un decreto publicado el 16 de octubre de 2023 en el Diario Oficial de la Federación, que declaró Monumento Artístico al conjunto completo.

Esa protección legal no impidió que, un año después, los edificios fueran demolidos. La entonces Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes justificó la decisión con estudios estructurales que descartaban una tercera intervención de refuerzo, después de que el inmueble ya había sido reestructurado dos veces desde 1985. Antes de la demolición, la empresa CAV, Diseño e Ingeniería retiró de los muros trece murales, dos altorrelieves y una escultura, con maquinaria especializada que, de acuerdo con la versión oficial, no dejó afectaciones en las piezas.

Recorridos periodísticos realizados en septiembre de 2025, al cumplirse ocho años del segundo sismo, describieron un predio sin actividad visible: parte de los murales permanece resguardada en bodegas, mientras otra parte sigue expuesta a la intemperie, con los embalajes de protección ya desprendidos en algunos tramos. El proyecto pensado para reinstalarlos, el Parque del Muralismo Mexicano, no cuenta todavía con un diseño público ni con fecha de construcción confirmada. Del presupuesto federal calculado para 2025 y 2026, cercano a los 2,000 millones de pesos, la parte correspondiente a este último año dejó de aparecer en la propuesta de gasto más reciente enviada al Congreso.

Al proyecto federal se sumó, más recientemente, uno del Gobierno de la Ciudad de México encabezado por Clara Brugada: la Utopía Centro SCOP, que integraría el futuro parque de muralismo con servicios del Sistema Público de Cuidados, entre ellos consultorios médicos, lavanderías y comedores comunitarios. La propia jefa de Gobierno ha reconocido que ese proyecto también avanza con retraso.

El nombre del conjunto, mientras tanto, no desapareció del todo del mapa de la ciudad. Sobre el Eje 4 Sur, justo frente al predio donde estuvo el edificio, la Línea 2 del Metrobús conserva una parada llamada Centro SCOP. Miles de personas bajan ahí todos los días, muchas sin saber que ese nombre corresponde a un edificio que ya no existe y a un conjunto de murales que, en algún punto de la ciudad, sigue esperando un lugar donde volver a ser visto.

A cuarenta y un años del primer sismo y nueve del segundo, el Centro SCOP sigue planteando una pregunta que otros edificios patrimoniales de la ciudad enfrentan con menos visibilidad: qué pasa con una obra de arte pensada como parte de un edificio cuando ese edificio deja de existir. Los mosaicos de O’Gorman, Chávez Morado y el resto de los muralistas resistieron dos terremotos ocurridos el mismo día del año, pero su reinstalación definitiva, y con ella el cierre de esta historia, todavía no tiene fecha.

CC
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