Barrios Chilangos

La Zona Rosa y el origen de su nombre

Antes de las banderas de arcoíris, la Zona Rosa fue mansión porfirista, refugio bohemio y territorio sin nombre fijo. La historia de un barrio que siempre fue demasiado libre para una sola categoría.

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A finales de la década de 1880, la fisonomía de la Ciudad de México comenzó a transformarse radicalmente. El fraccionamiento de los terrenos de la antigua Hacienda de la Teja, aprovechando el trazo del Paseo de la Reforma, atrajo a las familias más acaudaladas de la época. Deseosas de escapar del bullicio y la congestión del Centro Histórico, estas élites construyeron fastuosas mansiones y chalets que replicaban la arquitectura europea.

Como reflejo de esa aspiración cosmopolita, las calles fueron bautizadas con nombres de grandes ciudades del viejo continente, como Londres, Hamburgo, Génova y Amberes, siendo Tokio la única excepción asiática. En 1906, el diseño de este exclusivo oasis urbano recibió oficialmente el nombre de Colonia Juárez, en conmemoración del centenario del natalicio de Benito Juárez. Era el epicentro ideal de la burguesía porfirista: un espacio amplio, arbolado y dotado de todos los servicios públicos modernos.

La metamorfosis bohemia de mediados de siglo

La sofisticación aristocrática original dio un giro a mediados del siglo XX. Las antiguas casonas y palacetes porfirianos comenzaron a albergar boutiques, joyerías, galerías de arte y restaurantes. Para las décadas de 1950 y 1960, el barrio experimentó una vibrante transformación cultural, convirtiéndose en el punto de encuentro predilecto de la vanguardia intelectual y artística de la época. Personajes de la talla de Manuel Felguérez, José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes frecuentaban sus cafés. Entre ellos destacaba la poeta Pita Amor, de quien se cuenta que caminaba por sus calles regalando versos a los transeúntes. Paradójicamente, el vecindario concebido originalmente para el aislamiento de la alta sociedad se convirtió en el territorio más libre, poroso y ecléctico de la capital.

El debate sobre un nombre ambiguo

El origen del término «Zona Rosa» permanece envuelto en el mito urbano y se disputa entre varias teorías literarias y anécdotas populares. Por un lado, el escritor argentino Luis Guillermo Piazza aseguraba haberlo acuñado en su novela La mafia, mientras que el pintor José Luis Cuevas sostenía que la idea nació durante una entrevista en la mítica galería Proteo, aunque en otras ocasiones afirmaba que era un tributo a la actriz cubana Rosa Carmina.

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Por otra parte, Carlos Fuentes evocaba en su célebre obra La región más transparente la tonalidad rosada de los edificios del sector. Sin embargo, al periodista y escritor Vicente Leñero se le atribuye la metáfora más exacta al definirla como un territorio «demasiado tímido para ser zona roja y demasiado atrevido para ser zona blanca». Más allá de las autorías individuales, hacia 1967 el apodo ya se había consolidado de manera natural en el habla popular, moldeado por las tertulias y la vida nocturna.

Declinación, sismos y el impacto urbano

El esplendor del llamado «Montmartre mexicano» comenzó a fracturarse a finales de los años sesenta. La construcción de las líneas del Metro incrementó el flujo peatonal masivo, lo que provocó que los comercios de alta costura y las galerías exclusivas migraran hacia zonas como Polanco.

Sin embargo, el quiebre definitivo ocurrió con el terremoto de 1985. El sismo devastó la vida sociocultural de la colonia Juárez; la caída de múltiples inmuebles y la crisis habitacional subsiguiente provocaron que la alcaldía Cuauhtémoc perdiera casi una quinta parte de su población total. La Zona Rosa quedó semiabandonada.

El renacimiento y el refugio de la diversidad

La recuperación del barrio no provino de los planes de desarrollo urbano tradicionales, sino de su propio ADN libertario.

Desde los años setenta, la comunidad LGBTTTIQ+ había utilizado de forma discreta los estacionamientos y terrenos baldíos de la zona para fiestas y espacios de encuentro. Tras la crisis del sismo y con la apertura de nuevos comercios en los años ochenta y noventa, la cultura de la diversidad sexual adoptó el barrio de manera definitiva.

La llegada masiva de discotecas, bares y centros culturales enfocados en la diversidad revitalizó la economía local y consolidó la reputación de la Zona Rosa como el epicentro de la inclusión y la libre expresión en la Ciudad de México. De este modo, el nombre que alguna vez nació para describir una atmósfera artística indefinible terminó cobrando un significado perfecto: el de un espacio urbano que siempre ha sido demasiado libre para encajar en una sola etiqueta.

CC
Calles Chilangas
Crónica urbana de la Ciudad de México. Sus calles, su gente y la memoria que guardan sus rincones.
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