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El final que la censura borró de «¡Vámonos con Pancho Villa!»

Doce minutos desaparecieron del final que Fernando de Fuentes filmó para "¡Vámonos con Pancho Villa!", y el público mexicano tardó 46 años en poder verlos.

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Para 1935, Fernando de Fuentes ya llevaba dos películas construyendo una mirada poco habitual sobre la Revolución Mexicana. «El prisionero trece» narraba el fusilamiento involuntario de un hijo por orden de su propio padre militar. «El compadre Mendoza» retrataba a un hacendado que sobrevivía el conflicto armado traicionando alternadamente a ambos bandos. Con «¡Vámonos con Pancho Villa!» cerró lo que hoy se conoce como la Trilogía de la Revolución, con guion escrito junto al poeta Xavier Villaurrutia sobre la novela homónima de Rafael F. Muñoz. Silvestre Revueltas compuso la música, interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional, y Jack Draper compartió la fotografía con Gabriel Figueroa. La producción corrió a cargo de Alberto J. Pani y CLASA Films Mundiales, con un gasto que superó el millón de pesos y que llevó a la compañía a la quiebra antes de que la cinta llegara a las salas.

La propia Filmoteca de la UNAM, hoy custodia del acervo restaurado de la trilogía, describe a Pancho Villa dentro de la cinta como un ser cruel e indiferente, alejado de la épica revolucionaria que otras producciones de la época preferían exaltar. Esa distancia con el relato oficial no fue un caso aislado en el cine mexicano del siglo veinte. Décadas más tarde, «La sombra del caudillo», de Julio Bracho, permanecería fuera de circulación durante treinta años por el parecido de sus personajes con políticos reales; «Rosa Blanca», de Roberto Gavaldón, correría una suerte semejante por su cercanía con el legado del cardenismo en un momento de fricción política. Ambos casos, documentados con mayor detalle que el de 1936, muestran una industria acostumbrada a que el poder político opinara sobre lo que el cine podía decir de sus propios héroes.

«¡Vámonos con Pancho Villa!» se estrenó el 31 de diciembre de 1936 en el cine Palacio de la Ciudad de México con una duración de 88 minutos, doce menos que el corte de cien minutos que De Fuentes había filmado originalmente. Ese tramo faltante correspondía al desenlace: Villa regresa años después de la Revolución para exigirle a Tiburcio Maya, el último sobreviviente de Los Leones de San Pablo, que vuelva a las armas. Ante su negativa, motivada por no abandonar a su esposa e hija, el general las asesina. Uno de sus hombres dispara después por la espalda contra Tiburcio, y Villa se retira con el hijo menor rumbo a la Revolución.

Ni siquiera la Filmoteca UNAM, responsable de rescatar esa secuencia, tiene certeza absoluta sobre el origen del corte. Sus propios materiales de difusión reconocen que se desconoce si la decisión fue de Fernando de Fuentes o una imposición del gobierno cardenista, una ambigüedad que casi un siglo después de los hechos sigue sin resolverse. Lo que sí documenta con precisión es el proceso de recuperación: la escena se localizó en 1973 en una copia de 16 milímetros en mal estado y el público mexicano solo pudo verla hasta 1982, en una transmisión televisiva ocurrida 46 años después del estreno original.

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Hoy la Trilogía de la Revolución completa forma parte del acervo restaurado de la Filmoteca UNAM, disponible de manera gratuita a través de la plataforma Cultura en Directo. El final recuperado de «¡Vámonos con Pancho Villa!» se mantiene como uno de los hallazgos documentales más relevantes del cine mexicano, y también como recordatorio de que buena parte de esa historia se escribió tanto en lo que las cámaras capturaron como en lo que el poder decidió que el público no viera.

CC
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