En la primera sección del Bosque de Chapultepec, se levanta el Obelisco a los Niños Héroes. No es el gran monumento blanco que reciben los visitantes en la entrada del bosque, ese es el Altar a la Patria, construido hasta 1952. Este obelisco es más antiguo y fue, de hecho, el primero de todos.
Se construyó entre 1880 y 1881, más de tres décadas después de la Batalla de Chapultepec del 13 de septiembre de 1847. El encargo correspondió al arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti, quien de joven había defendido ese mismo cerro como cadete del Colegio Militar. Los presidentes Porfirio Díaz y Manuel González respaldaron el proyecto, impulsado por antiguos combatientes que, tras la guerra, se organizaron en la Asociación del Colegio Militar, fundada en 1871 por sobrevivientes decididos a que la defensa de Chapultepec no cayera en el olvido.
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El monumento no conmemora solo a los seis cadetes que hoy conocemos como los Niños Héroes. En sus cuatro caras aparecen decenas de nombres: cadetes agrupados por compañía, heridos, prisioneros, oficiales. Ahí está, por ejemplo, Mariano Monterde, quien dirigía el Colegio Militar durante la batalla. Y ahí está también un nombre que sorprende: el de Miguel Miramón, cadete adolescente en 1847 que sobrevivió al combate, llegó a ser presidente de México antes de cumplir 28 años y murió fusilado en Querétaro en 1867, junto al emperador Maximiliano.
Frente al obelisco, sobre las mismas rocas del cerro, una placa marca el lugar donde, según la tradición, Juan Escutia se lanzó envuelto en la bandera nacional. Ningún documento de 1847 respalda esa historia: quienes han revisado el episodio no han encontrado evidencia de que haya ocurrido así.
En 2011 se construyó una réplica en el antiguo Colegio Militar de Popotla, y en 2025 el gobierno mexicano restauró el conjunto original: se intervino la reja de hierro, la puerta de acceso, la cantera del monumento y el piso de mármol que lo rodea.
