Evangelina Corona llevaba más de una década trabajando como costurera en un taller de la avenida San Antonio Abad cuando, la mañana del 19 de septiembre de 1985, la tierra se movió. El terremoto de 8 grados derrumbó decenas de talleres de costura del Centro de la Ciudad de México, y con ellos, a cientos de mujeres que en ese momento cosían adentro. Evangelina llegó esa mañana a su lugar de trabajo y encontró algo que no esperaba: mientras sus compañeras seguían atrapadas entre los escombros, los dueños de los talleres dirigían los esfuerzos de rescate hacia las máquinas de coser, no hacia ellas.
Esa imagen fue la que la movió a actuar. Evangelina no era una activista ni tenía experiencia sindical. Había llegado a la Ciudad de México desde muy joven, procedente de San Antonio Cuaxomulco, un poblado rural de Tlaxcala, y se había abierto camino primero como empleada doméstica y después, desde los 21 años, como costurera. Pero frente a lo que vio esa mañana, decidió no quedarse callada.
¿CÓMO LLEGÓ ANFORAMA A SER LA CADENA QUE HOY LE DICE ADIÓS A LA CDMX?
El Autocinema Lomas fue el primer cine para automóviles en la Ciudad de México
Las costureras sobrevivientes tampoco se quedaron calladas. En los días siguientes, decenas de ellas se instalaron en un campamento improvisado sobre la avenida San Antonio Abad y comenzaron a exigir indemnizaciones para las víctimas y mejores condiciones de trabajo. Eran, en su mayoría, mujeres jóvenes, sin estudios, muchas con hijos, que hasta entonces no habían tenido ni el tiempo ni el espacio para pensarse como un grupo con derechos que defender. El sismo, sin proponérselo, les dio ese espacio.
El gobierno del presidente Miguel de la Madrid aceptó negociar con ellas. El 20 de octubre de 1985 se eligió el primer Comité Ejecutivo del Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, y las propias costureras eligieron a Evangelina como su primera Secretaria General. Ella misma reconoció después que no había sido la organizadora del movimiento, que ese trabajo lo hicieron los asesores legales que las acompañaron. Lo que sí asumió, desde ese momento, fue el liderazgo frente a sus compañeras y frente al gobierno.
Bajo su dirección, las costureras consiguieron que los patrones pagaran las indemnizaciones a las familias de las víctimas y a las trabajadoras desempleadas. Para 1986, ya representaban a trabajadoras de otros talleres y habían ganado terreno frente a las centrales obreras tradicionales. Fue, casi en su totalidad, un sindicato de mujeres dirigido por mujeres, algo poco común en el sindicalismo mexicano de la época, y no dejó de encontrar resistencias: en el desfile del primero de mayo de 1986, un grupo afín al sindicalismo oficial intentó impedir que marcharan.
Evangelina fue reelegida como Secretaria General durante tres periodos. Años después, esa misma defensa de las costureras la llevó hasta la Cámara de Diputados, donde fue legisladora federal entre 1991 y 1994. En 2007 escribió Contar las cosas como fueron, un libro en el que puso por escrito lo que había vivido junto a sus compañeras: el sismo, el sindicato, la lucha. Murió el 2 de enero de 2021, a los 83 años.
En 2023, el Gobierno de la Ciudad de México le puso su nombre a un centro comunitario en la zona donde todo empezó. Hoy, quien camina por San Antonio Abad difícilmente sabe que ahí, en 1985, un grupo de costureras encabezadas por Evangelina se plantó para exigir que las trataran como personas y no como una pieza más de la maquinaria.
