Centro Histórico

Koblenz, la marca que nació en el corazón de la CDMX

Muchos juran que es alemana por su nombre, pero esta marca nació en una vieja colonia del centro de la Ciudad de México, en un taller donde un ingeniero extranjero decidió apostarle al país que lo recibió. Ese origen capitalino sigue siendo, casi setenta años después, el corazón de su identidad.

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La historia arrancó en julio de 1959, dentro de la colonia Moctezuma, en pleno corazón de la Ciudad de México, donde el ingeniero suizo Walter Kohler instaló un taller dedicado a un solo objetivo, blindar los electrodomésticos del país contra las variaciones de corriente que arruinaban televisores y otros aparatos en los hogares de la época. La ciudad que lo recibió como extranjero terminó siendo la base de todo lo que la empresa construyó después. Los reguladores de aquella primera etapa todavía funcionan en algunas casas capitalinas, una permanencia que con el tiempo definió la identidad comercial de la marca.

Cinco años más tarde la compañía dio un giro hacia un producto distinto, las aspiradoras, y ese movimiento resultó tan exitoso que el mercado nacional de la categoría se multiplicó por tres bajo su impulso, con la capital como epicentro de sus ventas y su fama. La campaña de 1967 terminó de sellar ese crecimiento, bajo el nombre de «La Devoradora» el anuncio se volvió tan popular en la televisión mexicana que la marca repitió la hazaña de triplicar su presencia en el segmento. Para 1971 llegó otra novedad técnica, un regulador que se activaba con el pie, pensado para facilitar su uso dentro de las casas de la ciudad y del resto del país.

Ese ritmo de expansión llevó a la empresa a sumar línea blanca, hidrolavadoras y equipos de protección eléctrica como los no breaks, hasta reunir un catálogo que hoy rebasa los 600 productos, fabricados en plantas que siguen operando en el Valle de México. La operación actual sostiene a más de 2,000 colaboradores mexicanos y coloca mercancía en más de 27 países repartidos entre Europa, Norteamérica, Sudamérica y Medio Oriente, de acuerdo con información corporativa de la propia empresa.

La confusión sobre su origen sí tiene una raíz real: su fundador fue un ingeniero europeo y no un empresario mexicano, aunque las fuentes disponibles no coinciden en si el nombre de la compañía honra directamente una ciudad alemana. Lo que ninguna fuente confiable pone en duda es que la Ciudad de México fue, desde el primer día, el territorio donde se construyó todo lo demás, seis décadas de manufactura, capital y liderazgo mexicanos que convirtieron a Koblenz en una marca nacional pese a su acta de nacimiento europea. A 66 años de aquel primer taller en la Moctezuma, la empresa sigue teniendo en la capital del país el corazón de su identidad.

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