Julia Jiménez González nació el 28 de enero de 1897 en Milpa Alta, hija de Emilio Jiménez y Juana Manuela González. Su infancia transcurrió entre la siembra de maíz y frijol, hasta que en 1916 las tropas carrancistas fusilaron a su padre y a sus tíos frente a la iglesia del pueblo. Ese episodio la obligó a huir junto con su madre y sus hermanas hacia Iztacalco, donde a los diecinueve años tuvo que empezar de nuevo vendiendo pan y verduras en la calle.
En 1920 ganó el concurso de belleza prehispánico Izcalichpochtzintli, conocido como Doncella de la Primavera, y ese reconocimiento la acercó a la naciente Escuela de Pintura al Aire Libre de Santa Anita. Ahí conoció al pintor Fernando Leal, quien la introdujo como modelo de los muralistas.
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A partir de entonces se convirtió en la imagen que definió a toda una generación de artistas. Diego Rivera la retrató más que ningún otro, en obras como «La maestra rural» y en el mural «La creación» del Antiguo Colegio de San Ildefonso, donde aparece representando la sabiduría, la tradición, la fe, la esperanza y la caridad; la fotografía que Tina Modotti le tomó junto a su hija Conchita hacia 1926 sirvió de referencia directa para la figura de «La tradición» en esa obra, según documenta el acervo del INAH. José Clemente Orozco la pintó como la Malinche en «Cortés y Malintzin», y David Alfaro Siqueiros la usó como modelo para su primer mural, «Los elementos». Su rostro llegó a aparecer en más de cincuenta murales, además de inspirar la escultura de la Fuente de los Cántaros, en el Parque México.
Pero su aportación no se limitó al arte visual. Desde 1948 trabajó como intérprete y traductora del náhuatl para el etnohistoriador Fernando Horcasitas, colaboración que se extendió diecisiete años, hasta el día de su muerte. De ese trabajo nacieron los libros «Los cuentos en náhuatl de doña Luz Jiménez» y «De Porfirio Díaz a Zapata: memoria náhuatl de Milpa Alta», donde narró en su propia lengua la Revolución vista desde la mirada indígena. También llegó a enseñar náhuatl durante cinco años en el México City College, cumpliendo así el deseo que siempre tuvo de ser maestra.
A pesar de su cercanía con la élite artística de su época, Luz Jiménez nunca vivió de su trabajo como modelo. Se sostuvo bordando, tejiendo y vendiendo carpetas y bolsas de lana en la calle. Murió el 28 de enero de 1965, el día de su cumpleaños número 68, atropellada por un automóvil cuando salía de casa de Jean Charlot rumbo a la de su comadre Anita Brenner.




