Octubre es el mes en que la Ciudad de México vuelve la mirada hacia sus panteones, y pocos tienen tanto que contar como el Panteón de San Fernando, en la colonia Guerrero. Se encuentra a un costado del templo de San Fernando, a una cuadra de la avenida Hidalgo, y su acceso por la calle de Héroes pasa inadvertido para buena parte de quienes caminan por la zona. El templo formó parte del Colegio Apostólico de San Fernando, que los misioneros franciscanos de Propaganda Fide establecieron en el siglo XVIII. Dentro de la iglesia, cerca del altar mayor, están sepultados los virreyes Matías de Gálvez y Bernardo de Gálvez, padre e hijo.
Antes de que existiera el cementerio actual, los frailes usaban el atrio para enterrar a los miembros de la comunidad y a algunos benefactores, en sepulturas que no llevaban inscripción. La obra del panteón empezó alrededor de 1832, impulsada por el síndico del convento, Ignacio Cortina Chávez. Un año después, la epidemia de cólera llevó al gobierno de Antonio López de Santa Anna a obligar a los cementerios particulares a recibir al público en general. San Fernando abrió sus puertas, con la condición de no aceptar a quienes hubieran muerto por la enfermedad. Su tamaño reducido y el cuidado con que se mantenía atrajeron a las familias de mayores recursos; las tarifas crecieron hasta convertirlo en el lugar de entierro más costoso de la capital, y entre 1850 y 1870 vivió sus años de mayor actividad.
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Con la ley de secularización de cementerios de 1859, los camposantos del clero quedaron bajo control civil. La medida se aplicó en la capital hasta 1860, cuando el gobierno liberal regresó a la ciudad; el ayuntamiento tomó la administración de San Fernando y lo reconoció como Panteón de Hombres Ilustres, el primero con esa categoría en la Ciudad de México. Desde entonces se sepultó ahí a Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, Ignacio Comonfort e Ignacio Zaragoza.
Hoy el recorrido se organiza en tres patios. En el principal se levanta el sepulcro de Benito Juárez, donde también reposan Margarita Maza y varios de sus hijos; en el lado sur, junto a la reja, está la tumba de Ignacio Comonfort. Permanecen además los expresidentes José Joaquín de Herrera y Martín Carrera, el periodista Francisco Zarco y el general conservador Tomás Mejía, fusilado en Querétaro en 1867 junto a Maximiliano. Su viuda, Agustina Castro, carecía de dinero para el entierro y mantuvo el cuerpo embalsamado en su casa durante meses antes de trasladarlo a San Fernando. Entre los nichos se encuentra el de Dolores Escalante, prometida del político José María Lafragua, quien murió de cólera el 24 de junio de 1850, semanas antes de la boda.
Varias tumbas ya no conservan a sus ocupantes. Vicente Guerrero fue llevado a la Columna de la Independencia; Ignacio Zaragoza, a Puebla en 1976; Melchor Ocampo y Francisco González Bocanegra, autor de la letra del Himno Nacional, a la Rotonda de las Personas Ilustres. El caso más comentado es el de Miguel Miramón: cuando Juárez fue enterrado en el mismo panteón, la viuda del general conservador, Concepción Lombardo, gestionó la exhumación de su esposo y su traslado a la Catedral de Puebla. Su sepulcro, ya vacío, sigue en el centro del patio más pequeño. También llama la atención el nicho 19, que lleva el nombre de la bailarina Isadora Duncan, enterrada en París y sin vínculo conocido con México; la inscripción se atribuye a admiradores suyos.
En 1871, un decreto prohibió los entierros en los cementerios ubicados dentro de la ciudad, y el tercer patio quedó sin terminar. La única excepción fue Juárez, sepultado el 23 de julio de 1872; su mausoleo, mandado construir durante el gobierno de Porfirio Díaz, se inauguró el 18 de julio de 1880. Hacia 1900 se planeó levantar en ese terreno un Panteón Nacional, proyecto que dio nombre a la calle de Héroes y que se suspendió con la Revolución, no sin antes derribar parte de los muros. El INAH declaró el sitio monumento histórico en 1935, se restauró para los Juegos Olímpicos de 1968 y el 31 de mayo de 2006 abrió como museo de sitio. Los sismos de 2017 afectaron el templo y obligaron a cerrar el recinto para nuevos trabajos de restauración.

FUENTES
Secretaría de Cultura del Distrito Federal (2001). Folleto explicativo del Museo Panteón de San Fernando. México: Gobierno del Distrito Federal.
Instituto Nacional de Antropología e Historia. Gaceta de Museos, «Museo Panteón de San Fernando: los rituales de la memoria».
Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. Muerte y vida eterna de Benito Juárez.