En el sureste de la Ciudad de México, donde la urbe parece desvanecerse en silencios húmedos, Mixquic emerge como un territorio en el que el agua todavía dicta los ritmos de la vida. Sus canales, sus chinampas y su panteón vibrante cada Día de Muertos, forman un paisaje donde la naturaleza, la devoción y la historia se entrelazan. En estas fechas, Mixquic se prepara para recibir a sus muertos con flores, luces y fragancias antiguas; pero también revela su lucha por preservar un ecosistema que ha sostenido a generaciones.

Historia del territorio y transformación del paisaje
Hoy cuesta imaginarlo, pero Mixquic fue alguna vez un islote: un pequeño núcleo rodeado de canales. La calzada por la que ingresan los visitantes era, en otro tiempo, un camino estrecho de piedra que cruzaba un enorme cuerpo de agua. La comunidad aún recuerda el antiguo puente de piedra, el punto exacto donde hoy se hacen fotografías turísticas, y que antes permitía el paso entre las veredas acuáticas.
El paisaje comenzó a cambiar cuando la lógica moderna de la propiedad impulsó a muchos a “ganar tierra al agua”. Los canales se estrecharon, algunos se rellenaron y la dinámica natural del humedal se vio interrumpida. Pero, pese a todo, Mixquic sigue siendo uno de los últimos territorios donde el sistema lacustre del Valle de México respira
La zona chinampera de Mixquic fue declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1987,junto con Xochimilco y Milpa Alta, además es un sitio Ramsar, que es una categoría internacional que protege los humedales más grandes del mundo. Estos sitios son designados para la conservación de su diversidad biológica y el uso sostenible de sus recursos.
Aquí, la vida silvestre sigue llegando puntualmente cada año: aves migratorias que arriban desde octubre y permanecen hasta finales de marzo. Por ello, la comunidad organiza dos festivales: uno para darles la bienvenida y otro para despedirlas.

Los canales: entre la memoria y la crisis hídrica
Aunque Mixquic conserva su identidad acuática, la comunidad enfrenta una tensión histórica: tributar agua a la ciudad. Desde la época prehispánica el tributo era en alimentos; más tarde fue en mano de obra, muchos de los constructores de la Catedral provenían de esta zona.
El canal principal que recorren las trajineras se alimenta ahora con agua tratada, no con el agua original del lago. En temporada de sequía, la profundidad puede disminuir tanto que las embarcaciones quedan detenidas en el lodo. En contraste, la zona de la laguna cercana a la ofrenda flotante puede alcanzar hasta 13 metros de profundidad, una muestra de la compleja hidrología del lugar.
En el paisaje agrícola aparecen chilacayotas silvestres, que nacen sin intervención humana, evidencia de lo fértil que sigue siendo la tierra. Y en los bordes de los canales crece el lirio acuático que es una planta que funciona como filtradora natural.

La función ecológica de las chinampas
El sistema chinampero sigue siendo productivo y vital. La comunidad trabaja con especialistas como el Centro para la Sustentabilidad Incalli Ixcahuicopa para monitorear la calidad del agua y entender cómo funcionan las plantas filtradoras naturales.
Al llegar a las chinampas, los visitantes pueden descubrir el chapín, un sistema agroecológico ancestral que aprovecha el lodo rico en nutrientes del fondo del canal. Esa mezcla es la base de uno de los sistemas agrícolas más eficientes que han existido en Mesoamérica. Los pobladores lo explican con orgullo:” la tierra no es del hombre; el hombre es de la tierra”.

Mixquic no solo es un escenario del Día de Muertos: es un recordatorio de la relación que la ciudad ha tenido y ha olvidado con el agua. Sus canales, chinampas y humedales han resistido siglos de cambios, tributos y presiones. Hoy, mientras las aves migratorias sobrevuelan estas tierras, la comunidad insiste: conservar este lugar es proteger una herencia que pertenece a todos.
Mixquic es la voz del agua en la ciudad, un eco que nos obliga a mirar el origen, la memoria y el futuro que aún puede fluir.




